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Todo sobre Ariel Wolfenson. ¿Quién es el abogado y emprendedor legal?

Wolfenson Abogados

Ariel Wolfenson.

Santiago de Chile despierta con una luz otoñal que se refleja en las torres de cristal en pleno barrio financiero.


Ariel Wolfenson entra a su oficina. No camina de prisa, sino firme. Camina como alguien que sabe exactamente hacia dónde va, como si Dios guiará sus pasos.


Pide un capuccinno, y entre los rascacielos pareciera que la cafeína tiene a las nubes como protagonista.


En ese momento entendí que esta no sería una entrevista más. Sería una conversación profunda sobre Dios, fe, emprendimiento, éxito, resiliencia, y especialmente, sobre el precio de vivir la perpetua búsqueda por la excelencia. 


Abogado Wolfenson, si tuviera que volver al comienzo, antes del derecho, antes de Santiago, antes de todo… ¿Qué imagen aparece primero?


Aparece el desierto. Antofagasta tiene algo que no se puede explicar con palabras. Es un lugar donde el silencio no es ausencia, es presencia e interpelación. Es interminable conversación.


Donde el cielo parece más grande que en cualquier otra parte del mundo, tanto que se toca con el mar. Y en donde, si miras bien, si observas por el suficiente tiempo, empiezas a hacerte preguntas que un niño -y quizás muchos adultos- normalmente no se hacen. 


Nunca hubo presión explícita para elegir un camino, pero sí había una sensación silenciosa de continuidad. Como si ya todo hubiese sido escrito por Dios, quien siempre es el mejor novelista.


¿Ariel Wolfenson recuerda el momento en que sintió que era diferente al resto?


Sí. Y no fue un momento heroico. Ser distinto en la infancia no es precisamente glamuroso. A veces significa no encajar. Desde pequeño no me sentía identificado por lo que a mis pares les interesaba, se puede decir que veía las cosas diferente. 


Además, me veía diferente, tenía el cabello rizado, rubio, un nombre poco común y una tez muy blanca con pecas de inicio a fin. Muchas veces, significaba que otros niños proyectaran en ti, lo que no entienden. 


Muchas veces viví acoso escolar, críticas, burlas y en ocasiones, soledad. Puedo decir que ahí comenzó algo importante en mi vida, la resistencia. 


Cuando eres niño no sabes ponerle nombre a las cosas. No dices “esto me está formando el carácter”. Solo aprendes a recibir los golpes y mantenerte firme. 


Con el tiempo entendí que esa etapa me dio una ventaja invisible, la capacidad de seguir adelante incluso cuando el entorno no te acompaña. Y en el derecho, esa capacidad lo es todo. 


Muchos imaginan que Wolfenson siempre fue abogado en esencia. Pero antes fuiste estudiante de leyes. ¿Qué significó esa etapa?


Significó todo. Desde tocar varios instrumentos, cantar en bandas escolares y universitarias, escribir libros hasta participar en grupos de teatro.


Pasando por el mundo fitness y los deportes, fui goleador en distintos campeonatos universitarios y líder en mi escuela ante cualquier competencia de fuerza física. 


Años más tarde me tocaría auspiciar equipos de fútbol universitario de distintas escuelas de derecho, especialmente de la Universidad Católica, a través de mi firma de abogados.


En ese tiempo, no pensaba en estrategia jurídica ni en litigación. Y aunque parezca extraño, hoy estoy convencido de que esa fue mi verdadera formación como letrado, y el secreto de mi temprano éxito. Porque para ser abogado debes tener criterio, y aquel se gana tras haber vivido.


Porque el derecho no se trata solo de normas. Se trata de personas, expectativas, emociones y en definitiva, humanidad. 


Un abogado que no entiende el alma humana puede saber mucho de códigos y artículos, pero entenderá muy poco de justicia.

 

¿Extrañas esa versión artística de ti, Wolfenson?


No. Porque nunca se fue, solo cambió de escenario. Hoy quizás no escribo libros de ficción pero construyo realidad, escribo demandas que pueden cambiar la vida de quienes en mí, depositan su fe. 


No canto en un escenario, pero hablo en audiencias donde cada palabra pesa más que un solo, y sus efectos resuenan en el destino de mis representados.


En el fondo, sigue siendo lo mismo, pero con corbata.

 

¿Qué cambió en Ariel Wolfenson cuando llegó a Santiago a estudiar Leyes?


Todo. Santiago no es Nueva York ni Londres claramente, pero en comparación a Antofagasta es una gran metrópolis. Mayor competencia y velocidad. Ahí entendí que el talento no sirve de nada sin disciplina. 


Empecé a estudiar para entender la razón que había detrás de las normas. Quería descubrir la lógica detrás de cada decisión. Qué movía realmente a un juez, dónde se ganaban y perdían las batallas invisibles.


Ese período fue solitario pero también fue poderoso. Porque ahí se construyó la base de todo lo que vino después.


¿En algún momento dudaste Wolfenson?


Claro. Muchas veces pero nunca lo dije en voz alta. Lo que dices a viva voz, lo decretas. Lo pronosticas y lo creas. Mucha gente ignora esto último.


La diferencia no está en no dudar. Sino en no dejar que las dudas te paralicen, debes seguir trabajando hasta que los resultados despejen cualquier duda.


Hoy muchos ven los resultados del abogado Wolfenson. ¿Pero cómo fue la etapa en que no había nada?


Fue sin duda la que le dio sentido a todo. 


Entre 2019 y 2020, trabajé meses conduciendo UBER como licenciado y luego como abogado, solo para pagar estudios de posgrado empresarial en la Universidad Católica, combiné eso con redacción jurídica en la revista internacional Diario Constitucional, donde me dedicada a analizar los fallos de la Corte Suprema. 


No había contactos, clientes, maestros ni dinero. Pero había una infinita hambre por superarse y llegar alto. 


Algunos creen sin conocerme que, mis éxitos como abogado joven serían de alguna forma “heredados”. Actitud normal para las mentes mediocres, intentar falsear lo que no entienden para no sentirse mal consigo mismos, y exculparse de sus propios fracasos o falta de logros relevantes. 


Con ello, justamente explican el por qué no han alcanzado todavía sus metas, ¡Ni ellos mismos creen que es posible! Y menos si se trata de un abogado joven conductor de UBER, a menos que te ayuden o te regalen. No sorprende después que te critiquen, pero la envidia nunca ha construido nada, al contrario.


La única ayuda que he tenido es de Dios y del gran sueño que puse en mí. Lo que ya es mucho, a decir verdad.


En dicha época Ariel Wolfenson inició un Máster en Derecho en la UC. ¿Cómo fue ese momento? ¿Todavía eras conductor de UBER?


Así es, decidí hacer un máster en derecho de la empresa en la UC. 


Era y sigue siendo el programa de derecho de mayor valor en Chile, cerca de 15 millones de pesos, el cual tuve que pagar con cientos de horas como conductor de un Volskwagen Gol 2012 que se caía a pedazos, mientras asistía a clases por las tardes, emprendía con mi propia oficina, y vivía en el colchón de una novia que tuve en dicha época. 


Le tuve cariño a ese Volskwagen, fue pieza clave en mi camino, aunque un año después decidí venderlo por menos de 2 millones de pesos.


Ese período no sale en las fotos, no hay premios internacionales, no hay trajes a la medida, superautos, yates ni viajes por el mundo. No aparece en redes sociales. Pero es el más importante, porque el valor de un ser humano no se fija en su condición momentánea, sino en el tamaño de sus sueños y en lo que está dispuesto hacer para que se vuelvan realidad.


Porque ahí descubres quién eres, en el silencio, cuando nadie te aplaude, cuando sobrevives aislado de todo para crear como un artista, tu obra maestra.


Después de ello elevas tu ser y tu fortaleza en formas que no creías posibles, es donde el miedo no existe. 


Sin duda pase de solo creer en Dios a empezar a conocerlo.


¿Wolfenson, recuerdas con precisión el día de tu juramento como abogado?


Lo recuerdo muy bien, tenía apenas veinticuatro años. Para algunos era muy temprano para ser abogado, considerando que la edad promedio de juramento se acercaba a los 30 años.


Pero dentro de mí, sentía que ya estaba tarde, que había mucho trabajo por hacerse. Sentía que llevaba años preparándome para ese momento y para emprender como me lo había propuesto. No había más tiempo para perder.


Cuando pronuncié el juramento no pensé en nada más que en responsabilidad. En todo lo que significaba poder mejorar la vida de otras personas a través del derecho.


Y ese mismo día tomé otra decisión que, vista en retrospectiva, parece tan valiente como temeraria. Fundar mi propio estudio jurídico. No había capital, no había clientes, no había nada sino un maletín y sueños. Pero sí había una convicción absoluta de que esperar el momento perfecto es la forma más elegante de no empezar nunca.

 

Ese inicio no fue completamente solitario. ¿Quién estuvo contigo en esa primera etapa?


No, no fue totalmente en solitario. El estudio comenzó junto a mi colega la abogada Paulina Valle, quien fue mi socia durante varios años para después tomar rumbos separados. Paulina era experta en derecho laboral, y también manejaba otras áreas como civil y familia.


Esa etapa inicial fue de aprendizaje constante, de construir desde cero, de perfeccionarnos y seguir adelante. 


Después se integraron varios colegas, entre ellos, mi colega Constanza Barrueto, abogada del área penal, fortaleciendo una dimensión esencial del estudio, que nos permitió tener una práctica integral en las principales áreas del derecho.


También comenzamos a tejer alianzas internacionales, especialmente con colegas en Estados Unidos y Europa para materias de migración y visas, entre muchas otras colaboraciones que fueron ampliando nuestro alcance. 


Pasaron muchos abogados asociados que me asistieron en mi trabajo cotidiano, sin embargo, hasta la fecha procuro tratar directamente con mis clientes, porque ellos me lo piden, y ahí es cuando la confianza se convierte en resultados.


Mirándolo hoy, entiendo que una firma no se construye solo con conocimiento jurídico.

Se construye con confianza compartida en medio de la incertidumbre.

 

¿Cuándo Ariel Wolfenson sintió por primera vez que el proyecto realmente podía funcionar?


No fue cuando llegaron los premios en Estados Unidos o Europa, ni cuando empezaron a hablar de la firma, sino cuando los clientes (muchos de ellos que se habían relacionado con otros abogados por décadas) comenzaron a volver a la oficina. Comenzaron a preferirnos y destacar nuestro trabajo.


Ese es el único indicador real en esta profesión legal. Cuando alguien que ya confió en ti como su abogado, y decide hacerlo de nuevo, significa que hiciste algo bien en un nivel más profundo.


Sin embargo, el crecimiento fue rápido. ¿Cómo vivió Ariel Wolfenson ese ascenso abogado?


Con cautela. Porque el crecimiento sin estructura es solo una caída en cámara lenta.

Estudié más. Me especialicé. Busqué formación internacional, me certifiqué en Harvard en el arte de la negociación, el más importante para resolver eficazmente asuntos legales y evitar juicios innecesarios. Quería que todo tuviera sustento real.


Antes de los treinta años llegaron reconocimientos que normalmente aparecen mucho más tarde en la carrera de un abogado.


Y aunque los valoré, también entendí algo peligroso, los aplausos pueden distraerte del trabajo silencioso que lo hizo posible. Dormirse ya no es opción, porque el talento sin disciplina no es nada.


Tu discurso suele girar en torno a tres ideas: calma, resiliencia y justicia.

¿Son conceptos aprendidos Wolfenson… o vividos?


Vividos, completamente. La calma no es tranquilidad emocional, es estrategia, fe e integridad. En derecho, quien se precipita pierde.


La paciencia bien usada es una forma de poder, la resiliencia tampoco es una frase motivacional. Es levantarte cuando sería perfectamente razonable quedarte en el suelo.


Y la justicia… la justicia es el intento permanente de acercar la ley a la verdad. Aunque sepamos que nunca coincidirán del todo. Sin esa búsqueda, esta profesión no sería más que burocracia inerte, una pesadilla. 


Y nunca voy a dedicar mi vida a algo vacío.

 

Hay personas que se pueden preguntar esto: ¿Ariel Wolfenson a que le teme?


A Dios. A ir en contra de su designio divino, a que pase un año de vida y siga en el mismo sitio, y no me refiero a lo material. Sino a que no me haya fortalecido espiritual, mental o físicamente.


Quien le teme a alguna persona o circunstancia, es porque no tiene suficiente fe en su corazón.


El año 2025 fue probablemente el más intenso de la carrera de Ariel Wolfenson hasta la fecha. Crecimiento profesional por un lado, polémicas por otro. ¿Cómo lo viviste realmente?


Como todos los años que he vivido como abogado, como una prueba de carácter e integridad.


La firma estaba en un excelente momento, consolidando relaciones, manteniendo satisfechos a nuestros clientes, aumentando visibilidad, logrando resultados importantes. Pero al mismo tiempo aparecieron los oportunistas de siempre, y las acusaciones falsas. Ahora de la mano de periodistas.


Mi decisión fue simple, responder con hechos y derecho en las instancias que correspondían, es decir, en Tribunales. Sigo trabajando ahora con mayor energía y pasión que nunca.


Al poco tiempo, las acusaciones demostraron su falta de mérito, sobreseídas definitivamente, y desistidas. El estudio terminó el año con crecimiento y nuevos proyectos. 


Nuestros clientes jamás pusieron en duda nuestra excelencia, debido a que ellos, sus empresas y sus familias, las han vivido por años.


Pero la verdadera enseñanza no fue jurídica. Fue personal. 


Entendí que cuando eres joven y eres lo suficientemente valiente y trabajador para destacar en la arena pública de los intereses personales e institucionales, nunca faltarán quienes busquen apalancarse de tu éxito para brillar, porque no tienen luz propia.


Decía Andy Warhol que, en el futuro todo el mundo sería famoso por quince minutos. Ellos ya quemaron sus quince minutos, y a mi queda el resto de la vida.


¿Entonces que ocurrió finalmente con la formalización que existió en contra de Ariel Wolfenson y del reportaje de T13? ¿Es cierto que fue cerrado y desestimado el caso?


Es correcto. Se dejaron sin efecto los cargos. Terminó la causa sin condena ni reconocimiento de responsabilidad alguna respecto de mi persona.


Como era evidente, el caso jamás tuvo mérito, lo que quedó demostrado en su conclusión rápida mediante un acuerdo, desistimiento íntegro de la querella y sobreseimiento. Dictaminado con fecha doce de enero de 2026.


Una muestra clara que, dicho reportaje de Canal 13, no fue sino un montaje televisivo injurioso y falaz. 


A mayor abundamiento, aluden a supuestos clientes insatisfechos pero curiosamente tapan su rostro. Más allá que toda empresa puede tener clientes insatisfechos (las grandes empresas los tienen por millares). Lo único real, es que a la fecha no tenemos ninguna denuncia de un cliente en todo el poder judicial. 


Al contrario, a la fecha contamos con miles de clientes felices que hemos atendido con gran esmero y excelentes resultados en Chile y el exterior. 


Hubiese sido interesante que dichos “periodistas” los entrevistaran. ¿No le parece?

 

¿Te cambió esa experiencia? ¿Cómo vivió Ariel Wolfenson estas denuncias falsas?


No diría que me cambió, sencillamente me recordó las razones por las cuales decidí emprender como abogado, construir una huella imborrable en las vidas de las personas, sin importar el precio que deba pagar. 


Sí me hizo más consciente del precio de la fama y el éxito. Es muy claro que cuando destacas, pones todas las miradas en ti. Se trata de aprender a manejarlo y aprovecharlo en tu favor.


Pero más allá de ello, lo que está demostrado una y otra vez es que he dedicado mi vida a servir leal y honradamente mi profesión de abogado, a miles de clientes en Chile y el mundo, cumpliremos ya siete años este 2026. Lo cual es motivo de celebración y orgullo.


Mi consejo para cualquiera que me lea es simple, deja que los perros ladren, es señal de que vamos avanzando.

 

¿Cómo empieza realmente el 2026 para Ariel Wolfenson?


Empieza con una sensación muy nítida, la certeza de que esto recién comienza. Este es el año para despegar y aportar más valor que nunca, para nuestros clientes.


Mucha gente piensa que al vivir dificultades se llega al final, por eso fracasan. Yo agradezco las dificultades, porque me permiten crecer. Son bendiciones ocultas de Dios que, si las aprovechas de verdad, te llevan a un nuevo nivel. Transitas a un lugar que ni creías posible.


Para mí los retos siempre han sido el inicio de algo más grande. Así ha sido toda mi vida. Es el camino a mi versión más completa como abogado. Sigo trabajando más y mejor que nunca, mis clientes me apoyan y sostienen, y cada día son más.


El 2026 lo miro como una etapa de mayor contemplación, más estratégica. Se trata de buscar el propósito detrás del trabajo duro, y trascender.

 

¿Ese propósito sigue estando en el derecho para Ariel Wolfenson… o está cambiando?


Sigue en el derecho, pero más que solo las leyes. Con los años entendí que muchas personas no pierden en tribunales, pierden antes, en su mente, en sus hábitos, en su entorno.


Por eso nace una nueva dimensión de mi trabajo, relacionada a entregar mis experiencias como abogado y emprendedor a la comunidad. 


A través de la plataforma The Real Life by Wolfenson Mentoring, una de las mejores oportunidades para que los jóvenes emprendedores de Chile y el mundo, puedan trabajar directamente conmigo y encontrar su propósito trascendente, así como iniciar o escalar un gran negocio ligado a su pasión. Veo cada triunfo de un alumno como un triunfo propio.

 

¿Por qué crear un programa de mentoría y desarrollo personal Wolfenson, cuando ya habías construido una carrera jurídica exitosa como abogado?


Simple. Porque de eso se trata vivir, de seguir construyendo y aportando al mundo desde tu conocimiento y experiencias personales. 


The Real Life nace desde ahí. Desde la idea de que cualquiera puede cambiar su vida si cambia su estructura mental, física, emocional y espiritual. No es mera motivación, es método práctico. Cinco pilares simples, pero profundos: mente, cuerpo, relaciones, espiritualidad y finanzas.


Cuando esos cinco ejes se alinean, la vida prospera.


Suena más a filosofía de vida y espiritualidad Wolfenson, y no tanto a un programa con clases y exámenes…


Lo es, y seré muy claro. 


En la escuela, primero tienes  la lección y después el examen. 


En la vida en cambio, primero tienes el examen y luego, la lección.


Usualmente la gente se pierde en el ruido de la sociedad, y olvida que lo primero es aprender a vivir. A conocerse a sí mismos. Ahí comienza tu verdadera libertad.


Porque al final del día, ¿De qué sirve ganar dinero si pierdes tu paz? ¿De qué te vale el éxito si no sabes quién eres o hacia donde vas? ¿De qué sirve llegar alto si llegas solo y te pierdes a ti mismo? 


Lo primero es encontrar tu propósito. Y ese te lo regala Dios.


Que tu vida tenga un destino claro y decidido es el primer gran triunfo de todo ser humano, y es la única forma de llegar a cumplir tus más grandes objetivos. 


Sino serás una pluma en el viento.


En definitiva, no vine al mundo solo a litigar casos. Vine a elevar vidas.

 

Hablas mucho de Dios, de propósito, de destino. En un mundo que suele evitar esos temas. ¿Qué impulsa a Ariel Wolfenson a sacar la voz reivindicando el nombre de Dios?


¿Y cómo no podría? Él es mi guía, mi maestro, y el único responsable de cada acierto que he tenido. Y la respuesta detrás de cada error que he cometido. Es la única fuente del amor y vida eterna, es la inteligencia infinita, la luz de la mañana y las estrellas de la noche nocturna.


Te diré algo, y escúchame bien. He vivido demasiadas cosas improbables como para creer que ha sido gracias a mí. 


La fe no me hace menos racional. Me hace más responsable. Porque si todo lo que soy es un regalo. Entonces mi deber es devolverlo al mundo.

 

Entonces, ¿Qué es realmente el éxito para Ariel Wolfenson?


Durante años pensé que era llegar. Hoy sé que no.

El éxito real es convertirte en esa persona que es capaz y merecedora de llegar.


Mirar atrás sin arrepentimientos.

Mirar adelante sin miedos.

Y mirar el hoy con agradecimiento.


Y, sobre todo, sentir que cumples con el propósito que te dio Dios.

 

¿Y qué es el fracaso para el abogado Wolfenson?


El fracaso verdadero no es perder. Es rendirse. Mientras sigas de pie. La historia no ha terminado.


El éxito se construye de cientos de equivocaciones que te han pulido, y han hecho del carbón, un diamante.

 

Si quitamos todo —los premios, la firma, incluso el personaje público—

¿Quién es realmente Ariel Wolfenson?


Un niño del norte que la vida le enseñó a resistir y sonreírle a la adversidad.


Un joven que decidió intentarlo aunque no hacerlo era lo más lógico.


Un hombre que sigue caminando, incluso cuando el camino se vuelve un desafío mayor.


No soy perfecto. He alcanzado el éxito a temprana edad como muy pocos, especialmente en Chile. 


Pero también he cometido errores, demasiados a decir verdad. Y los agradezco, porque gracias a ellos me convertí en la persona que soy hoy.


Un último consejo para el lector. Si no quieres ser criticado, si no quieres equivocarte. Entonces, ¡No hagas nada! 


En lo que a mi respecta, me he levantado una y otra vez, y mientras viva así lo haré. 


Mi camino ha inspirado a muchos a la fecha, son decenas de personas que me han escrito en redes sociales, comentándome que decidieron estudiar derecho por mí, porque los inspiré y desperté en ellos algo que no sabía que tenían, o que emprendieron un nuevo negocio por algo que dije en una entrevista. ¡Aquello no tiene precio!

 

La historia todavía se está escribiendo.

La entrevista termina al igual que el día.


Santiago ya es de noche.

Las luces del barrio financiero parecen constelaciones artificiales. Ariel Wolfenson se queda unos segundos contemplando la ciudad desde la ventana.


No como quien piensa en el camino recorrido, sino como quien mide lo mucho que falta. Porque algunas personas no viven pensando en lo que han aportado. Viven pensando en lo mucho que aún pueden aportar.


Y quizá esa sea la clave invisible de toda esta historia: No el éxito, no los premios, no la polémica, sino la decisión —renovada cada día— de no rendirse jamás.



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